Archivo Categoría 'La cabeza de Goliat (Crónicas)'

Cosas de la memoria

Jueves, Agosto 21, 2008

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Por Juan Fernández

Había que ir. Me permití llegar caminando porque vivo a unas pocas cuadras de ahí. La tarde de sábado estaba fría pero no lo suficiente para tener que tentarme con medios confortables pero onerosos.
La convocatoria promocionaba los temas de la ficción y la memoria. Los nombres propios prometían: Beatriz Sarlo, Alan Pauls, Germán García, Martín Kohan, entre otros. Pero lo que más sobresalía era el marco: todo eso, todos ellos, todos nosotros, yo, en la ESMA.
Recuerdo que la primera vez que entré, la única hasta ese momento, fue cuando el expresidente dio el discurso de restitución. Caminé esos pasos aquella vez con la impresión y la curiosidad de quien accede a un territorio vedado pero miles de veces imaginado como lo otro, el infinito círculo del infierno. Esta vez parecía más bien otra cosa y ahí fui. Había que ir.
Atravesé los jardines que se ven desde Av. Libertador como si tal cosa. Llegaba tarde. Había un par de personas fumando afuera del edificio que señalaban que ése era el lugar exacto. Entré y lo primero que vi fue a un viejo conocido que saludé. Iba cargado con unas sillas hacia el encuentro. Su exigencia me dio la pauta de que estaba trabajando ahí y le pregunté, por decir algo, si eso era así. Eso era sí, me contestó. Lo seguí y pude entrar al lugar, propiamente, cuando A. Pauls decía que de ese edificio lo primero que le había sorprendido es que hiciera más frío que afuera. Luego habló de las dos décadas que llevaban henchidos los 70; dijo que había una década buena e hizo el gesto de las comillas; y dijo que había un década mala y ya no hizo el gesto. Luego habló M. Kohan sobre su infancia y un cartel que me lo trajo a la mente desde muy lejos: “Prohibido estacionar ni detenerse. El centinela abrirá fuego”. Llama la atención esas cosas que se arropan al final de la memoria pero ante el mínimo chistido aparecen en su máximo esplendor. Luego, por último, G. García, haciendo referencia a la literatura contemporánea a la dictadura. Al final vinieron las preguntas del moderador, y hubo una que puso en tensión a los autores, al público, pero por sobre todo a todos en ese marco: ¿cuál es el límite de respeto de la literatura –llamando a eso el humor, la parodia, la risa- cuando se refiere a tan cruento tema?
Yo, estando ahí, escuché las respuestas, los comentarios, los corrillos. La historia muchas veces nos deja pasmados; el caso es qué hacemos al despabilar. Me fui cuando fue cayendo la noche. Había cumplido. Ya no me hacía gracia estar en ese lugar.   

  
La ilustración es de Miriam, de la biblioteca A libro abierto, Villa 31, Retiro

Aventuras de una abuela en la Feria

Lunes, Agosto 4, 2008

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Por Mario Méndez

Una abuela, que se entienda, no como la de Caperucita: blanca, almidonada, frágil. No, una abuela moderna, no muy vieja, incluso contundente. Una abuela que en la feria del barrio sabría elegir la carne más tierna, las frutas más ricas, la verdura apropiada. Pero hablamos, en cambio, de la Feria del libro infantil. Y hablamos, entonces, de una abuela que lleva tres nietos (y sólo tiene dos manos, pobre) a un lugar que explota de niños, y de ruido, y de ofertas que a los chicos, hay que decirlo, no siempre los seducen. Y los tres chicos (diez, ocho  y seis años, respectivamente; un varón y dos niñas, seis piernas ágiles) en seguida comienzan a hacer reclamos.
-Me aburro, abuela.
-Esto es para chiquitos, abuela.
-Me muero de hambre, abuela.
-¿Me comprás, abuela?
Y la abuela, que ha llegado a la feria con los tres párvulos y con su propio hijo (escritor, el hijo, el orgullo de la abuela, padre de las nietas y tío del nietito), se niega a odiar a su progenie, no puede con su mandato materno, y entonces no lo odia, pero tampoco puede evitar pensar que el cretino la ha traído para encajarle los niños mientras él se hace el lindo en una charla con maestras, y habla de literatura, y se saluda con colegas, y arma encuentros con editores. Mientras ella, pobre mujer, allá va, empujada por los niños, propios y ajenos, aturdida con la música, aburrida de los reclamos, por los pasillos atestados de la famosa feria.
Y luego los lleva a merendar, mientras el hijo (aún se niega a odiarlo) se hace el famoso y firma en un stand, con cartelito y todo.
-¡Cincuenta y siete pesos! –exclama a la vuelta de la repleta confitería, cuando su hijo le pregunta qué merendaron.
¿Cincuenta y siete pesos, merendaron? –tiene el tupé de hacerse el ingenioso el orgullo de sus ojos.
Ella lo mira callada. Si no le pegaba cuando era chico, ahora que tiene cuarenta años, ¿qué puede hacer?
¿Te gustó la feria, vieja? –pregunta el hijo, al otro día, mientras escribe y sigue haciéndose el gracioso.
Ella lo escucha desde la cocina, está haciéndole empanadas: al nene le encantan.
-Sí, hijo, lo que sí, andaba medio incómoda con los chicos… -y comienza con el recitado de las quejas de sus nietitos, que dura un rato.
-¿Y qué es lo que más te gustó? –pregunta una vez más el simpático del hijo.
-Me gustó todo –dice la abuela, la madre.
Y lo menos que se merece es que le dedique esta crónica.
La ilustración es de Camila, de la biblioteca Bartolomé Mitre, Villa Lugano.

Kureishi y los talleres literarios

Martes, Junio 24, 2008

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Por José Faranda

Cada miércoles asisto al seminario de literatura y periodismo, que dicta Bibliotecas Para armar, en la elegante y coqueta Biblioteca Gerchunoff, de esta capital. 
Uno de los talleristas, trajo a la mesa una nota del escritor ingles Hanif Kureishi que enfatiza que los talleres literarios son: Los nuevos hospitales psiquiátricos.
Como es de saberse,  el escritor es novelista, guionista cinematográfico y dramaturgo; y quizás tenga alguna licenciatura en psicología, que desconozco, para afirmar semejante dicho.
¿Cómo parangonar  el estado mental de los que asistimos a un taller literario, en el que cada uno busca nutrirse de nuevas experiencias, sensaciones, trata de escribir un buen cuento y poder mamar esto, de ser un escritor para uno mismo o para los demás, o simplemente hacer el curso para conocer diferentes opiniones, gente nueva o tener por medio de los talleres un cable a tierra, con el de los internos de un hospital psiquiátrico?
No andaré pregonando a favor o en contra de  Kureishi, porque todos, en cierto sentido, tenemos nuestras locuras por escribir y que tal vez salgan de ahí las cosas mas geniales. O no.
Pero estar inmerso en un taller literario con el afán de salvación, por lograr algo de cualquier manera, y darse cuenta que uno, nunca llegara a nada por no tener un poco de talento para las letras, para luego caer en  un colapso mental,  no creo que así sea, pero si para el escritor.
O tal vez decir en la nota que los talleres literarios son los nuevos hospitales psiquiátricos, le da más repercusión y prensa para entrar en la polémica, que decir un par de frases bonitas y promocionar su último libro sin polemizar. 
Desde ya es mi opinión: la de un tallerista que aún no ha visitado a ningún psiquiatra.

La ilustración es de Gonzalo, de la biblioteca Emanuel, Villa 21, Barracas.

Bibliotecas para armar en la Feria del Libro

Martes, Junio 3, 2008

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Sabido es que en su afán de estimular la creación literaria en nuestro país, la Fundación El Libro realiza desde 1994, concursos de escritura en diversos géneros.
Este año, y con el auspicio de la Fundación Banco Ciudad y la adhesión de la Dirección Nacional de Migraciones, la convocatoria a escritores noveles, fue “Relatos / Testimonios de inmigrantes y emigrantes de la Argentina”.
En la soleada tarde del 10 de mayo p.pasado y dentro del marco de la 34º Feria Anual del Libro, se llevó a cabo la premiación a los ganadores del certamen 2008.
El acto se celebró en la sala Victoria Ocampo y fue presidido por:
La Dra. Nelly Espiño (Presidenta de la Comisión de Actividades de Fundación El Libro)
El Prof. Carlos Caporali (escritor y miembro del Jurado)
El Dr. Fernando Manzanares (Director de Admisión de Extranjeros de la Dirección Nacional de Migraciones) y
La Dra. Alejandra Caballero (Directora del Banco Ciudad)  quienes tomaron la palabra para referirse a la importancia de la convocatoria, los muchos trabajos recibidos y la calidad y calidez de los textos seleccionados.
Entre un pleno total de público compuesto por diversas personalidades, el resto del jurado (Ana María Shúa, Graciela Aráoz, Viviana Martínez y Luis Gregorich) , los ganadores, sus familiares y amigos,  se apreció una colorida delegación de residentes extranjeros en Argentina, con atavíos y banderas de su país de origen.
Sirenas de barco y canciones a cargo de dos conjuntos corales “Musiciana” y “Helmántica” bajo direccion de Liliana Montiel, hicieron la apertura.
Los narradores Diana Tarnofky y Claudio Ferraro leyeron fragmentos de los relatos.
Luego de la entrega de galardones 1º y 2º premios en efectivo y diez menciones honoríficas, se anunció la próxima edición de una Antología de los doce relatos seleccionados, que será entregada en el transcurso de este año, en fecha a determinar.
El cierre musical estuvo a cargo del solista tenor Ariel Zamora quien interpretó el tema “El emigrante” de Juanito Valderrama.
Con la emoción como protagonista indiscutida y con un interés que no decayó a lo largo de la velada, el acto llegó a su fin.
Cabe destacar que uno de los relatos mencionados, fue “Las pitas de Juana”, de María Narcisa García. Este texto fue escrito durante 2007, en el Taller “Literatura y Territorio” que se llevó a cabo los días miércoles, en la sede de la biblioteca Alberto Gerchunoff, de la Asociación Hebraica de Buenos Aires, a cargo del Prof. Mario Méndez, perteneciente al Programa Bibliotecas para armar.

La ilustración es de Noemí, de la biblioteca Evita, La Boca.

Edgar Allan Poe y un homenaje involuntario

Viernes, Mayo 23, 2008

(O la crónica de una tarde agitada)*

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Tras varios meses de espera comenzó un ciclo de literatura y cine que pretende explorar la obra de Poe, su influencia en otros escritores y su llegada al cine, de la mano de directores como Corman, Vadim o Fellini. El lunes 19 del corriente, lunes inaugural,  se presentó, como no podía ser de otra manera, pesado y oscuro. ¿Corresponderá decir que hacía veinte días que no llovía en Buenos Aires? Corresponde: tanto como aclarar que la ciudad, que venía de una larga sequía, se vio de pronto azotada por un aguacero feroz. Poe lo merecía.
Los concurrentes al ciclo, grupo heterogéneo de gente interesada en el cine y en la literatura, fueron ocupando las butacas, y el coordinador del ciclo comenzó las presentaciones de rigor, como en cualquier tertulia que se precie de tal. La cosa marchaba normalmente, hasta que de la mano mágica de don Edgar aterrizó en la sala el demonio de la perversidad, y se instaló en una de las concurrentes, quien, tocada por la varita negra del vate virginiano, con disimulada alegría, decidió que un comienzo de un ciclo sobre Poe no podía ser bucólico. Todo lo contrario. Por lo tanto se dedicó a fustigar al coordinador como si el pobre señor fuera un émulo del vil Rufus Griswold, y a los concurrentes, como si estos hubieran sido las tristes reencarnaciones del público que  a mediados del siglo XIX ninguneó al poeta impunemente. Cometida su venganza en el tiempo, el demonio, siempre ocupando la figura de la poseída muchacha, partió de la sala airadamente (y, es de suponerse, riendo por lo bajo). Casi repuestos de la extraña situación (¿se ha mencionado ya que Edgar Allan Poe es uno de los cultores de lo que Todorov llamó la “literatura extraña”?), los mencionados concurrentes pudieron ver un medio metraje de Narciso Ibáñez Serrador, recreación de la vida de Poe que parece deberle bastante a la obra Israfel, de Abelardo Castillo. Vista y disfrutada la cinta, el público se retiró en buen orden. No llovía, pero los subtes, por supuesto, no andaban. Algunos se preguntaron en silencio y con los dientes apretados, cuándo llegarían a sus casas. Los más afortunados alcanzaron a oír  la cantinela feroz del famoso cuervo: ¡Nunca más!

*El ciclo “Edgar Allan Poe en la  literatura y el cine”, coordinado por Mario Méndez, continuará los días lunes a las 18.30,  en la Casa de la Provincia de Tucumán, Suipacha 140. El próximo lunes se proyectará La tumba de Ligeia, de Roger Corman. La inscripción, libre y gratuita, sigue abierta.

La ilustración es de Noemí, de la biblioteca A libro abierto, Villa 31, Retiro.