Metáforas

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“- Lo que tengo que decirle es muy grave para hablar sentada.
-¿De qué se trata señora?
-Desde hace algunos meses merodea mi hostería ese tal Mario Jiménez. Ese señor se ha insolentado con mi hija de apenas dieciséis años.
-¿Qué le ha dicho?
La viuda escupió entre los dientes
-Metáforas
El poeta tragó saliva.
-¿Y?
-¡Qué con las metáforas, pues, don Pablo, tiene a mi hija más caliente que una termita!
-Es invierno, doña Rosa.
-Mi pobre Beatriz se está consumiendo entera por ese cartero. Un hombre cuyo único capital son los hongos entre los dedos de sus pies trajinados. Pero si sus pies bullen de microbios, su boca tiene la frescura de una lechuga y es enredosa como un alga. Y lo más grave, don Pablo, es que las metáforas para seducir a mi niñita  las ha copiado descaradamente de sus libros.
-¡No!
-¡Sí! Comenzó inocentemente hablando de una sonrisa que era una mariposa. ¡Pero después ya le dijo que su pecho era un fuego de dos llamas!
-¿Y la imagen empleada, usted cree que fue visual o táctil?
-Táctil-repuso la viuda-Ahora le prohibí salir de casa hasta que el señor Jiménez escampe. Usted encontrará cruel que la aísle de esta manera, pero fíjese que le pillé chanchito este poema en medio del sostén.
-¿Chamuscado en medio del sostén?
La mujer desentrañó una indudable hoja de papel matemáticas marca “Torre” de su propio regazo, y la anunció cual carta judicial subrayando el vocablo desnuda con sagacidad detectivesca:
 
Desnuda eres tan simple como una de tus manos
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente
tienes líneas de luna, caminos de manzana,
desnuda eres delgada como el trigo desnudo.
Desnuda eres azul como una noche en Cuba
Tienes enredaderas y estrellas en el pelo.
Desnuda eres enorme y amarilla
Como el verano en una iglesia de oro.

Estrujando el texto con repulsa, lo sepultó de vuelta en el delantal, y concluyó:
-¡Es decir, señor Neruda, que el cartero ha visto a mi hija en pelotas! (…)
-Yo diría, señora Rosa, que del poema no se concluye necesariamente el hecho.
La viuda escrutó al poeta con un desprecio infinito:
-Diecisiete años que la conozco, mas nueve meses que la llevé en el vientre. El poema no miente, don Pablo: exactamente así, como dice el poema, es mi niñita cuando está desnuda.
-Dios mío-rogó el poeta sin que le salieran las palabras
-Yo le imploro a usted-expuso la mujer-en quien se inspira y confía, que le ordene a ese tal Mario Jiménez, cartero y plagiario, que se abstenga desde hoy y para toda la vida de ver a mi hija. Y dígale que si así no lo hiciese, yo misma personalmente, me encargaré de arrancarle los ojos como al otro carterito ese, el fresco de Miguel Strogoff.”

Antonio Skarmeta.jpgArdiente paciencia
Antonio Skármeta
Sudamericana, Buenos Aires

El libro puede encontrarse en la Juegoteca de Caballito, Donato Álvarez 130.
 

 

La ilustración es de Santiago, de la biblioteca Haroldo Conti, San Telmo

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