Documento Bicentenario
Buenos Aires, sede de la revolución
- Pensamos el Bicentenario de la Revolución iniciada en Buenos Aires en 1810, que concluyó en la declaración de la Independencia de 1816, como un punto de encuentro de los ciudadanos y de las organizaciones sociales, religiosas, políticas y culturales que las representan.
- Un punto, en el mapa del tiempo que nos toca vivir, en el cuál podamos reconocernos tal como somos y en el estado en que nos encontramos. Es la historia, la personal, la social, la política, la cultural, la que viene a situarnos y a decirnos a cada uno en este punto: usted está aquí.
- El punto de encuentro es una síntesis vertical y horizontal. En el sentido vertical resume y asume el pasado sin condiciones y sin juicios de valor. El pasado es lo que es. Pero el pasado se re-significa en el resultado de los esfuerzos, las ideas, las luchas, la formación, los mandatos y las experiencias múltiples de cada uno, que se expresan aquí y ahora. Todos llegamos por caminos diversos al punto de encuentro del presente donde podemos reconocernos como protagonistas de un destino común. Y necesariamente tenemos que afrontar juntos el futuro en la ciudad posible.
- La ciudad posible es la que integra, la que acepta, la que tolera, la que permite, la que se comparte y en la que se educa para la convivencia en el marco de la ley. El punto de encuentro se propone también en un plano horizontal como un círculo en constante expansión que excede los límites territoriales de la ciudad para incluir a residentes fijos y transitorios, a los visitantes ocasionales, a las comunidades tradicionales que se instalaron en la ciudad a fines del siglo diecinueve y comienzo del veinte y también a las nuevos barrios formados por las corrientes migratorias de los últimos años. Todos somos hoy Buenos Aires.
- No proponemos una revisión de la historia sino una lectura que anime a la necesaria construcción de la ciudad posible. La revolución la hicieron los vecinos de Buenos Aires, que entonces no eran reconocidos como héroes o patriotas. El Bicentenario nos ofrece la posibilidad de volver a mirarnos en ese espejo para comprender que, como antes y como siempre, depende de nosotros, de nuestras conductas, de nuestras acciones de la solidaridad con que emprendemos la tarea, mejorar las condiciones de vida en común.
- En definitiva, el aniversario redondo, es una extraordinaria ocasión para encontrarnos y comprometernos. El sueño es siempre posible, porque nada impide cambiar, reparar, dar una mano, reconstruir, modificar, aceptar, organizar y establecer las reglas y leyes de una ciudad que se desea a si misma enérgica, vital, creativa, inteligente y en constante crecimiento cultural.
“…Acaso la mejor forma de conmemorar un determinado momento histórico no consista en embellecerlo a toda costa, sino en intentar prolongar su impulso. Si es que todavía nos reconocemos en él…” (Manuel Cruz, catedrático de Filosofía en la Universidad de Barcelona)
Aspiraciones para el Bicentenario
Que podamos reconocernos como pares, semejantes y diferentes respetando, preservando y potenciando la diversidad y el multiculturalismo que hoy caracterizan a Bs As, y que hacen de ella, una ciudad globalizada y cosmopolita.
- Que los vecinos puedan sentir la ciudad, no como un campo de tensiones y de combate ajeno, sino como un espacio propio, vital, transformador y potenciador de las capacidades personales y virtudes cívicas
- Que podamos transformar una ciudad hostil y conflictiva, en un espacio más amable, contenedor e incluyente para sus habitantes y para quienes entran y salen cotidianamente de la ciudad.
- Que la ciudad permita que hombres y mujeres desarrollen una serie de prácticas ciudadanas y construyan una ciudadanía plena y real. Esto no supone solo generar “el derecho a la ciudad”, sino también la aceptación de obligaciones y contraprestaciones.
- Que reconozcamos y preservemos las marcas del pasado, mejoremos el presente y proyectemos / construyamos un futuro común.
- Que podamos reconocer que los proyectos no se hacen solo con grandes gestos sino, también, con acciones e intervenciones pequeñas, moleculares… Que todos, aunque no seamos conscientes, hacemos la historia.