Por: Arq. Alejandro Badanian
Fundación Oír Mejor
El ruido, un contaminante silencioso
Si bien la preocupación por la contaminación acústica se ha incrementado de manera notable en los últimos años, no es un hecho tan reciente como muchos creen. Basta remontamos al antiguo Imperio Romano, cuando Julio César prohibió el tránsito de rodados en el centro de Roma durante el día, debido a la congestión del tránsito que existía entonces. La consecuencia fue inmediata: consiguió una intensa contaminación acústica en las noches, producida por el traquetear de los carros que circulaban retumbando en el adoquinado de las calles. Algunas crónicas de la época reflejan el malestar de los habitantes de esta ciudad que no difieren demasiado en el sentir de muchos conciudadanos contemporáneos. Pero lo que muchos ignoran es que además de incomodar, la exposición prolongada a niveles de ruido medios que nos parecen inocuos y que se suceden habitualmente en el ambiente urbano, laboral y doméstico, pueden desatar a lo largo de los años, numerosos desórdenes físicos y psicológicos: puede producir daños irreversibles, como la hipoacusia (sordera) y otros cuyas derivaciones pueden enfermarnos gravemente, como el stress ó los trastornos cardiovasculares. El ruido no deja huellas visibles en el medio, sus efectos se acumulan a lo largo de los años en los individuos, de manera silenciosa.
Por qué el ruido puede producirnos tanto fastidio?
La energía para producir una señal sonora apenas perceptible es tan pequeña que desplaza al tímpano (la membrana que nos sirve para oír) una distancia similar al diámetro de la molécula de hidrógeno!! Una diferencia muy importante respecto de los otros órganos sensoriales, por ejemplo la visión. Una lamparita de 25 watts produce una luz muy tenue, apenas perceptible y sin embargo el sonido producido por una fuente sonora que posea esta potencia es tremendo y a un metro de ella podría producirnos daños irreparables. Esta es una de las razones por las cuales la contaminación acústica es tan peligrosa: es la contaminación más sencilla de producir. No es necesaria una inversión multimillonaria ni un complejo industrial: basta apenas un niño jugando con petardos, un vehículo en malas condiciones ó simplemente, un perro aburrido que no se canse de ladrar. En realidad, cualquier objeto puede convertirse en una fuente de contaminación. En el edificio donde vivo por ejemplo, el movimiento de la ropa húmeda tendida en los pisos vecinos y que es sacudida por el viento durante la noche, es una perturbación tan atroz que no me permite pegar un ojo por horas. Sin embargo, todos los días, de manera ineluctable, nos encontramos sometidos a la ubicuidad del ruido de los automóviles, de los colectivos y camiones, ni que decir de las furibundas motos de delivery, que nos atormentan sin cesar a cualquier hora del día y en cualquier ámbito que nos encontremos.
Qué hacer con el ruido de tránsito?
Como vemos, algunos problemas parecen extremadamente simples y otros muy complejos de solucionar. Uno de los desafíos más difíciles de la ingeniería acústica de las últimas décadas ha sido el control del ruido ocasionado por el tránsito automotor, responsable de más del 80 % del ruido ambiental en las ciudades. Casi dos mil años después del edicto del emperador romano, aún persisten los problemas inherentes al ruido emitido por los vehículos, aunque claro está, hoy contamos con técnicas que nos permiten cuantificarlo con precisión y controlarlo de una manera eficaz. Una de estas técnicas, ha sido, desde hace varias décadas, los mapas de ruido realizados a través de mediciones con sonometría. Los primeros sonómetros portátiles estuvieron disponibles desde los años 50, lo que nos da una idea del desarrollo acelerado que tuvieron estos equipos desde el surgimiento de la acústica arquitectónica, a comienzos del siglo XX.
La elaboración de mapas de ruido mediante mediciones, han sido la forma tradicional en que se ha llevado a cabo la cuantificación de los niveles de ruido a nivel urbano y se aplica desde la década de 1970. Su principal ventaja radica en el hecho indiscutible que se trata de una medición del fenómeno real, lo que implica una descripción completa del ruido ambiente. Estas mismas fortalezas, sin embargo, dejan al descubierto sus debilidades: no puede discriminarse el ruido medido en sus diversas fuentes componentes y por lo tanto, no podrían evaluarse el efecto que tendrían las medidas de mitigación correspondientes sobre cada una de ellas y en especial, sobre el transporte. Y por otro lado, es una tarea muy compleja y costosa, que demanda una enorme cantidad de horas de trabajo en condiciones difíciles, a la intemperie, de una gran cantidad de personas, durante muchas horas a la semana en distintos momentos del día y la noche y en las distintas estaciones del año. Debido a esto, los países más desarrollados han superado este procedimiento y han optado por el trabajo con modelos de cálculo de gran precisión, aprovechando el poder de las computadoras actuales.
El método informático consiste en la aplicación de modelos de cálculo ó predictivos (conjunto de algoritmos matemáticos) mediante programas informáticos creados a tales efectos, a los cuales se les debe suministrar una gran cantidad de datos, los cuales básicamente pueden resumirse como datos geográficos (para crear el modelo tridimensional de la zona), datos del tránsito, como ser cantidad de vehículos y velocidad, según la categoría de los mismos (automóviles, colectivos y camiones, motos) para los distintos períodos del día y datos estadísticos y meteorológicos. Una vez creado el modelo en 3D e ingresado todos estos datos en la computadora, estaremos en condiciones de correr el software y trazar las curvas isófonas, es decir, las curvas que unen puntos de igual nivel sonoro similares a otras curvas de nivel que estamos habituados a ver en los planos de agrimensura (curvas de niveles de altitud).
Aplicar metodologías de cálculo permite diferenciar los focos de ruido y conocer en que medida cada foco: tráfico urbano, carreteras, ferrocarril, industria y aeropuerto, contribuyen al nivel sonoro en cada sector del territorio analizado. De esta forma es posible comparar la relevancia de cada fuente en la contaminación acústica de la ciudad e identificar la variables sobre las que se puede actuar para reducir el impacto de cada foco y realizar una planificación racional del transporte terrestre. La directiva 49/2002, de la Unión Europea, exige que todos los países miembros tengan mapas de ruido para ciudades mayores a los 250.000 habitantes antes del 30 de Junio del 2007. Los mapas de ruido deben actualizarse cada cinco años pero la inversión es significativamente menor a la inicial, lo cual también resulta ventajoso respecto a la modalidad del mapa de ruido por mediciones.
El Mapa Estratégico de la CABA
En la actualidad, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires cuenta con un mapa estratégico de ruido para la zona más conflictiva de la ciudad: un área de 20 Km2 que abarca 14 barrios distintos desde Barracas a Belgrano. Este mapa, encargado por el gobierno de la ciudad, se ha realizado contando con recursos humanos y técnicos de la Asociación Civil Oír Mejor y bajo la supervisión y dirección técnica del Dr. Manuel Recuero López de la Universidad Politécnica de Madrid. Huelga detallar el prestigio del Dr. Recuero y su grupo de expertos del Grupo de Investigación en Instrumentación y Acústica Aplicada, pertenecientes a la citada universidad. El trabajo, que además da cumplimiento a un mandato de la Ley 1540 del Control de la Contaminación Acústica en la C.A.B.A., ha determinado cuáles son los niveles sonoros continuos equivalentes (promedios) diurnos y nocturnos tanto para días hábiles como para fines de semana y días de verano, además de un estudio psico-social realizado mediante encuestas. El Mapa Estratégico de Ruido, tal como se denomina a la totalidad del trabajo entregado al gobierno de la ciudad, ha permitido relacionar el problema objetivo del ruido con la respuesta de la gente afectada y ha posibilitado además, merced a los adelantos tecnológicos que provee la informática, analizar las variaciones de los niveles de ruido modificando algunos de los datos introducidos al modelo: cambio de los recorridos de los colectivos y renovación de parte de su flota, sustitución del pavimento tradicional por uno fonoabsorbente, etc. En algunos casos por ejemplo, los cambios introducidos permiten una disminución de más de 5 dBA en los niveles de ruido, lo que significa la reducción a menos de una tercera parte de la energía acústica recibida. En síntesis, se trata de una herramienta de gran valor para la gestión del ruido ambiental y como toda herramienta, es de esperar la sabia aplicación de quién dispone de ella para el bien de toda la sociedad. Sin embargo, debemos ser conscientes que en todo problema de contaminación siempre hay varios factores que participan del proceso y las personas somos uno de sus principales protagonistas. La actitud del conductor, el correcto mantenimiento de los vehículos y en definitiva, el respeto hacia los demás son los pilares básicos de la convivencia urbana. En definitiva, es la suma de todos estos esfuerzos lo que permitirá, a largo plazo, lograr que el ambiente sonoro de la ciudad mejore de manera notable y que tanto Ud. como yo, podamos trabajar, recrearnos y descansar como Dios manda.