"... gente que quiere ser, que está por ser, todos utilizan su
tiempo para otra cosa". Con este relato de una voz en off se inicia el
film. Mientras tanto un sin fin de transeúntes son sorprendidos por una
cámara de video he interrogados acerca de lo que quieren, lo que esperan,
lo que hacen. Y esa voz continua diciendo: "Lo que hacemos cada día
es lo que somos".
"Yo trabajo de remisero, pero soy sociólogo". Este ejemplo, aunque bastante
trillado, es útil a la hora de cernir la enorme disyunción existente
en el campo laboral entre lo que se "hace" y lo que se "es". En la Argentina,
desde hace más de un cuarto de siglo, nos encontramos con la dificultad
de articular el sistema educativo con el mundo productivo. El devenir o el transcurrir
del tiempo se transforma de la mano de este irreparable desencuentro, en un
lugar inhóspito.
"... todos utilizan su tiempo para otra cosa", otra cosa que pone de manifiesto
el tiempo de las necesidades mas básicas (alimentarse, un lugar donde
dormir, vestimenta) y de la subsistencia del día a día.
¿Soy lo que hago? ¿Hago lo que soy?
¿Cómo hacer para interrogar un campo tan complejo como el de la
subjetividad y sus enlaces con el espacio laboral y educativo, sin caer en los
facilismos del mercado de "ser empresario de uno mismo", en el facilismo
intelectual de "capacítate y el mundo será tuyo" o en
el facilismo psicológico de "no te resistas a tu deseo"?
Los personajes del film muestran claramente esta separación. Toro, apasionado
por la actuación se desempeña como limpiador de alfombras. Ailí,
la joven amante de la pintura trabaja como cadete. Equis, mientras corta cebollas,
imagina para sí un lugar mejor en el mundo. Y detrás del ojo de
la cámara, Morón se interroga casi a diario, sobre cómo conocer
a la gente con tres preguntas, sin que esto funcione como un trabajo o le retribuya
económicamente. Fer, mientras pinta paredes desinteresadamente, espera
que surja algo mejor.
"El hastío es una experiencia, pero de un tipo totalmente particular:
una experiencia en el curso de la cual se descubre que nada se experimenta cuando
se espera experimentar algo. (...) Más bien que de experiencia del hastío,
es preciso entonces hablar del hastío de la experiencia".
(1) Observamos en el transcurrir del largometraje,
jóvenes cansados del fárrago cotidiano, hastiados del trabajo
hecho sin ganas -porque "eso no es lo mío, y lo mío no lo encuentro
en ningún lado"-, inmersos en el hastío de una experiencia
que en alguno de los casos diluye las fantasías, las ganas, las búsquedas.
Adriana Puiggrós, (2) al momento
de pensar la educación, el trabajo y el futuro de los jóvenes,
plantea que nos encontramos al frente de una sumatoria de problemas: los pozos
de miseria, el fracaso de muchos argentinos en la escuela primaria o secundaria,
el acceso a la tecnología para el consumo y no para la producción,
el crecimiento de un sin número de jóvenes desinstitucionalizados
sin lazos con el sector productivo ni con el sistema educativo. "En la calle.
En los semáforos. En la esquina con el tetrabrik de vino. En el rincón
con la cocaína. En la cadena del narcotráfico. En el fin terrible
de una vida corta. O, menos trágicamente, sintiendo que nada vale la
pena y tratando tristemente de tirar; viviendo cada día de un laburito
a otro, haciendo un cursito de computación y otro de relaciones públicas,
sin formar una familia, sin acumular satisfacciones de trabajo, ni plata, sin
mucho que esperar. (...) No creen en nada, ni en las instituciones ni en la
política ni alcanzan a concebir que hay una historia, que el futuro no
está sellado, que se puede construir. No entienden que la contingencia
de la historia es su esperanza y la viven como caos". (3)
La configuración intermitentemente recesiva de nuestro país, el
crecimiento de la pobreza urbana, el estancamiento productivo, y la muy escasa
demanda de trabajo han modificado los hábitos, costumbres y estrategias
de vida de los jóvenes. La afirmación de un inmenso descrétido
se hace visible en el reclamo de los jóvenes que deja por fuera a la
escuela como posible espacio generador de autonomía. Miguel Orellano,
(4) en entrevistas grupales realizadas
en establecimientos de enseñanza media, se encuentra con que los jóvenes
a la hora de ser interrogados sobre si creen que el secundario los ayuda, en
forma generalizada responden "no". Ante la pregunta por si la escuela
los forma para buscar empleo, la respuesta es que la demanda existente es el
conocimiento del Inglés y la computación y eso sólo se
aprende "correctamente" en los institutos privados. "Lo de la escuela no te
sirve". Cuando el entrevistador pregunta dónde buscar esto que ellos
marcan como falencias de la escuela, la respuesta es: "en otro lado",
"en la calle", "en cursos cortos", etc.
Volvemos así a lo que Adriana Puiggrós plantea como confusión.
Confusión de la que no sólo son partícipes los estudiantes
sino también aquellos ocupados en diseñar la transformación
de los sistemas educativos. "En este fin de siglo el problema de la educación
para el trabajo se ha vuelto muy confuso. La confusión se plantea porque
se reduce ciencia a tecnología, y educación para el trabajo a
educación tecnológica. En lugar de considerar la relación
profunda entre ciencia-tecnología-sociedad se reduce la tecnología
a la adquisición de competencias prácticas. Simultáneamente
se reduce el trabajo al empleo". Y Puiggrós continua: "El resultado son
propuestas pedagógicas de corto alcance, dirigidas a capacitar personal
para una empresa determinada o proporcionándole conocimientos instrumentales
de uso limitado".
La autora hace referencia a una "mezquindad básica", mezquindad
que se traduce en capacidad de competencia, capacidad para el mercado, éxito
individual, "ser uno mismo" (idea de gran consenso y extremadamente
loca cuando se asienta en la absoluta indiferencia de nuestros semejantes).
Mezquindad que hace que toda solidaridad pierda sentido, que todo programa o
proyecto social, democrático o ciudadano sea considerado inútil,
así como inútiles serán los aprendizajes a-sistemáticos
y meramente informativos.
Esta mezquindad es la misma que encontramos en el acceso a los derechos típicos
de la ciudadanía tales como educación, calidad de vida, salud,
etc. Este acceso se vuelve cuestión de éxito, poder adquisitivo
o nivel socieconómico. Los servicios básicos y la infraestructura
pública (escuelas, clases, docentes, hospitales, médicos, etc.)
se vuelven algo que puede estar o no al alcance del ciudadano sin que esto se
torne un problema político relevante, ni la demanda por los mismos, un
derecho a ser atendido. De esta manera, la elección de una carrera profesional
o de un trabajo estaría más ligada a la imagen de una correcta
inversión, que a un derecho pasible de ser ejercido. Es por esto que
desde un cierto plano se responsabiliza fácilmente a los estudiantes
de no haberse formado correctamente por pobres, maleducados, incapaces o incultos.
Y desde otro plano, a la escuela por ser incapaz de transmitir toda la información
necesaria.
Esta confusión de la que hablábamos parece ser toda claridad al
momento de destruir metódicamente lo colectivo basados en la retórica
neoliberal de la "justicia" de la desigualdad (los mejores, los más capacitados,
etc.), la cual no hace mención de que las desigualdades económicas,
culturales, territoriales, las desigualdades de oportunidades, son desigualdades
sociales.
La educación, considerada durante mucho tiempo como donadora de herencia
cultural y de equidad, al transformarse en un elemento de "calidad"
e "instrumental para uso práctico" pasa a ser un privilegio.
Pero lo que es peor, pasa a ser una especie de ruleta rusa que descarta en el
camino a los que ese instrumental no les sirve para nada.
Volviendo al film, podemos justificar que algo de lo que somos tiene que ver
con lo que hacemos. El problema se plantearía si lo que hacemos es todo
lo que somos, sin dejar lugar a nada más. Entonces, si hacemos lo que
somos, habilidad de hacer está dada por la posibilidad de hacer. Hacer
en el acierto, hacer en el error, en la audacia, en la reacción, en la
mutación, para reconocer que la contingencia de la historia puede ser
nuestra esperanza.