En 1994 Maresca
concibe un grupo de obras donde los objetos
encontrados –o
mejor “buscados”– tienen un rol protagónico.
Cada elección completa su sentido cuando les asigna determinadas
bases. Estos trabajos tienen un fuerte contenido autobiográfico
y los elementos empleados en general se relacionan
con el entorno afectivo de la artista. Así Patín está realizado
con un viejo juguete de su hija y en Ella y yo emplea,
a modo de fragmento de mesa de cocina, un rectángulo de fórmica
proveniente de la casa de un miembro de su círculo íntimo,
sobre el que coloca dos hueveras con las que
señala la simetría
de la amistad en un contexto de cotidianidad
compartida. Por su parte Pinocho está compuesto
por un muñeco de madera traído de un viaje a Italia, a
través del que evoca una canción de su infancia que habla
de la mágica resurrección del personaje del cuento. Colocado
sobre una forma modelada como empinada montaña violeta y amarilla –colores
de la transformación y de la iluminación respectivamente– el
objeto se refiere a la metamorfosis y a la elevación espiritual
como culminación de un largo y difícil camino.