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Teatro Abierto 81
Por Federico Irazábal.
De El giro político, Editorial Biblos.
El ciclo consistía en la representación de veinte obras (1), a razón de tres obras breves por día, siete días a la semana, y durante un lapso de dos meses (2). Se inicia el 28 de julio de 1981, y a los pocos días, el 6 de agosto, se produce un incendio en la sala donde se lo ofrecía: el Teatro Picadero (3). Pero esto no intimidó a los artistas involucrados, los que a su vez ya habían logrado conquistar a los espectadores, y continuaron. Lo hicieron en la sala Tabarís (4), en la Av. Corrientes casi Callao, pese a los muchos ofrecimientos edilicios que obtuvieron. Lo hicieron allí por tratarse de una sala céntrica con 600 localidades (5). Finalizó, ovación mediante, el 21 de setiembre.
Y coincidimos plenamente con Miguel Angel Giella, un experto en la materia, que propone a modo de conclusión de su análisis sobre este fenómeno, que supuso: a)un acuerdo colectivo entre autores, directores, actores, escenógrafos, vestuaristas y técnicos, b)un consenso comunitario de propósitos y coincidencias de análisis de la historia y la actualidad argentinas bajos los puntos de vista de las causas y procesos que condujeron a un momento concreto de la realidad en la que vivía el pueblo, c)la creación de un estado de conciencia colectivo liberador de sojuzgamientos a poderes fácticos alienantes, d)un fenómeno contestatario que implica a la sociedad en un esfuerzo superador de obstáculos concretos, y e)una concepción del teatro como compromiso con la historia y la actualidad de un pueblo buscando un equilibrio con los fines estéticos (6).
El ciclo se repitió durante los años siguientes, pero ya bajo otro signo. En el año 1982 la Argentina sufría el dolor producido por la nefasta Guerra de Malvinas, pero igualmente Teatro Abierto subió a escena, con 34 obras y en dos salas: la Margarita Xirgu y el Teatro Odeón. En 1983 se repitió la experiencia pero ya con profundos cambios en su organización, puesto que muchos artistas se preguntaron sobre la necesidad del ciclo. En 1984 no se lo llevó a cabo y volvió por última vez en 1985 bajo la forma de un Teatrazo (7) consistente en una jornada de 48 horas de teatro en las calles, plazas, galpones, clubes, bibliotecas y trenes (8).
El lugar desde el cual nos interesa el fenómeno Teatro Abierto excede claramente las obras e ideas puntuales que se desprenden de ellas, puesto que creemos que la politicidad radica en el fenómeno en sí. En este sentido sí podemos seguir a Irazábal cuando planteó esa división que ya hemos cuestionado entre teatro político de emergencia y esteticista. Creemos ahora que Teatro Abierto puede ser pensado cabalmente como la única expresión posible de aquel tipo de teatro político, puesto que se primó lo político por sobre lo estético. El propio Roberto Cossa corroboró esto cuando, en el marco de una entrevista (9), señaló que
"Teatro Abierto fue más un fenómeno político que estético, una respuesta masiva de rechazo al régimen imperante que llevó a la gente a los teatros para nuclearla alrededor del tema de la libertad y dejó una fuerte marca especialmente a través de la elaboración de espectáculos en equipo (...) Fue un movimiento político de resistencia a la dictadura, pero no llegó a generar una estética por tratarse de un teatro multitudinario que se hacía con el escaso tiempo libre de la gente y en horas poco propicias. La dimensión estética requiere otras cosas, como tiempo y reflexión que no había en Teatro Abierto".
Con este fenómeno podemos pensar, en líneas generales, que el teatro se plantea críticamente a sí mismo en el seno de un contexto socio-político por demás complejo. En un contexto de desapariciones, torturas, asesinatos, censura, listas negras, opresión generalizada sobre los cuerpos y los pensamientos, entre otras acciones genocidas, encontramos las causas que llevan a los teatristas a replantearse el lugar social que ocupaban (10). Pero además es significativo el vínculo profundo que mantuvo este movimiento con el denominado Teatro Independiente, cuyo antecedente paradigmático es el legendario Teatro del Pueblo de Leonidas Barletta. Los artistas que integraron Teatro Abierto se propusieron resucitar la labor producida desde los años 30, en el sentido dictar su propia política en contraposición a la de la cultura oficial (11).
Debemos así mismo recordar, como marco general, que los años ochenta se inician, según la opinión de Susana Freire
"con un cambio político. El genereal Leopoldo Galtieri asumió el poder dentro de un marco económico devastado en sus recursos financieros, lo que iba a marcar la decadencia de la dictadura. Este gobierno tuvo su golpe mortal con la frustrada Guerra de la Malvinas (1982), situación que aceleró la vuelta a la democracia" (1999: 443)
Queremos ahora, y a modo de homenaje, mencionar a todos los artistas que integraron la primera versión del ciclo, lo cual en sí mismo es una demostración de la ética que los guió y les hizo dejar a un costado el temor personal por su seguridad:
Aída Bortnik, Roberto Cossa, Alberto Drago, Osvaldo Dragún, Patricio Esteve, Elvio Gallipoli, Griselda Gambaro, Jorge García Alonso, Carlos Gorostiza, Eugenio Griffero, Ricardo Halac, Ricardo Monti, Pacho O’Donnell, Carlos Pais, Eduardo Pavlovsky, Roberto Perinelli, Víctor Pronzato, Diana Raznovich, Carlos Somigliana, Máximo Soto, Oscar Viale, Beatriz Matar, Arturo Bonin, Mirtha Busnelli, Miguel Terni, Silvia Kalfaian, Rolando Mañanes, Luis Agustoni, Pepe Soriano, Luis Brandoni, Osvaldo de Marco, Adela Gleiger, Elvira Vicario, Claudia Weiner, Juan Félix Roldán, Arturo Penón, Carlos Gandolfo, Leonor Manso, Humberto Serrano, Adolfo Yanelli, Norberto Gonzalez, Nora Cullen, Lucrecia Capello, Susana Salerno, Roberto Ibáñez, Maximiliano Paz, Clara Vacaro, Osvaldo Messina, Andrés Bassalo, Carlota Beitía, Agustín Malfatti, José Bove, Manuel Callau, Salo Pasik, Zelmar Gueñol, Hugo Barrancos, Nestor Maestro, Omar Fanucci, Azul Quirós, Alicia Ceboli, Diana Machado, Noemí Traktemberg, Jesús Berenguer, Graciela Juárez, Roberto Rego, Emilio Bardi, Patricia Lande, Monica Filippa, Teresa Sanguinetti, Carlos Veiga, Enrique Laportilla, Cacho Espíndola, Susana Delgado, Aarón Korz, Fredy Sosa, Antonio Bax, Marta Degracia, Monica Estévez, Manuel Vega Mené Arnó, Víctor Proncet, Carlos Catalano, Roberto Martínez, Ricardo Goldman, María Elena Mobi, Tina Serrano, Jako Zeler, René Langlois, Alberto Ure, Jorge Petraglia, Leal Rey, Horacio Rainelly, Roberto Castro, Alberto Segado, Liliana Abayieva, Adriana Colombo, José L. Fernández, Fernanda Nucci, Esther Ferrando, Villanueva Cosse, Carlos Carella, Ulises Dumont, Alfredo Zemma, Luz Kerz, Máximo Iaffa, Delia Fabre, Roque de Pedro, Jorge Hacker, Víctor Laplace, Virginia Lago, Norberto Díaz, Felisa Yeni, Norma Ibarra, Rita Cortese, Ricardo Racconto, Jorge Valcarcel, Héctor Calmet, Omar Grasso, Patricio Contreras, Cipe Lincovsky, Juan Manuel Tenuta, Miguel Guerberof, Carlos Sturze, Jorge Sarudiansky, Juan Cosín, Rodolfo Mederos, Jorge Amosa, Carlos Antón, Roberto Basile, Joana Berty, Alejandro Bontas, Daniel Campos, Amalia Canedo, Daniel Capellano, Carlos Cardini, Ana María Casó, Rubén Celiberti, Alejandro Chab, Daniel Chacón, Carlos de la Torre, Lila Di Palma, Antonio Espina, Eric Fabio, Alberto Ferro, Liliana Forte, Cristina Frydman, Luis Fux, Silvia Geijo, Eduardo Grosso, Omar Hamer, Graciela Holfeltz, Onofre Lovero, Jorge Luna, Rosario Lungo, Fernando Madanes, Alejandro Marcial, Haydee Mascaro, Alberto Mastromauro, Rosmary Monastirsky, Claudia Nebbia, Graciela Neira, María Pantuso, Juan Pascarelli, Ingrid Pelicori, Marcelo Perez, Cesar Pruzzo, Raúl Rizzo, Marisa Rouco, Leonor Soria, Enrique Viaggio, Manuel Vicente, Juan Vitale, Olga Zanca, Grupo Acto, Mario Carpi, Lito Vitale, Nereida Bar, Silvia Vladimivsky, Rubens Correa, Pepe Novoa, Juan Carlos Puppo, Elisa Fernández Navarro, Márgara Alonso, Amanda Beitía, Alejandra Manini, Emilio Basaldúa, Lelio Incrocci, Osvaldo Bonet, Guillermo Renzi, Alicia Naya, Raúl Lizarrague, Julio Tahier, Regine Lamm, Lulú Marquez, Patricia Kraly, Carlos Puccio, Adriana Straijer, Julio Ordano, Víctor Bruno, María Concepción César, Elsa Berenguer, Julian Howard, Román Caracciolo, Roberto Saiz, Santiago Siccone, Carlos Mateucci, Víctor Hugo Carrizo, Carlos Dalé, Daniel Blanc, Carlos Menaz, Carlos Vicente, Guillermo Karusso, Jerónimo Iturralde, Eduardo Magne, Ariel Armony Alfredo Galipó, Gerardo Arenas, Rodolfo Romano, Mariano Viviani, Adolfo Cherubino, Enrique Box, Hugo Becerra, Jorge Alves, Eduardo Arguibel, Tito Díz, Víctor Proncet, Francisco Javier, Patricia Gilmour, Liliana Carro, Hugo Urquijo, Isabel Spagnuolo, José María Gutiérrez, Marta Bianchi, Oscar Núñez, Mario Luciani, Ricardo Díaz Mourelle, Liliana Carro, Rolando Mañanes, Raúl Serrano, Claudio Ottolini, Antonio Mónaco, Guadalupe Noble, Susana Matteo, Grupo Reunión, Tencha Müller.
4-Conclusiones
Podemos concluir entonces este movimiento señalando que el fenómeno Teatro Abierto 81 no consistió solamente en un conjunto de artistas reunidos, sino más bien en la creación de un espacio social de comunión. Un espacio donde reunirse los unos para oponerse a los otros. Teatro Abierto (y todas las otras artes que produjeron eventos similares aunque de menor impacto) fue la forma que encontró el sistema social argentino de manifestarse en contra de la dictadura. La unión del pueblo en el arte por supuesto que no marcó el fin de la dictadura, pero sí creemos que la posibilidad misma de su realización, y al margen del incendio del Picadero, es un indicio de que la aceptación y tolerancia del régimen había llegado a su fin (12). Por ese motivo importaba poco en realidad el tema de la obra, aunque la mayoría de los artistas crearon textos que giraban en torno a diferentes tipos de violencia.
El contexto de producción y el de recepción era único, y estaba además centrado en un universo ideológico también en común: la necesidad de abrir el juego social a la democracia.
Por lo tanto los receptores de este discurso político (el fenómeno social, no los textos) eran pro-destinatarios atravesados culturalmente por una única cadena significante que orientó las lecturas, cristalizó las metáforas y esclareció las ideologías, sin tener el deseo de indagar deconstructivamente (13).
Los saberes se habían vuelto explícitos, y el no a ese poder obsceno fue, quizás, el verdadero significado del si a Teatro Abierto. Por ello se explica que dos años después, desaparecido el enemigo que unificaba a tan inmenso porcentaje de población, Teatro Abierto 83 ya no fuese lo mismo. Se pudo ver la crisis estética, no porque antes no estuviera, sino porque en el año 81 la estética era un elemento más del gran motivo de ser: la denuncia.
Aquí, y en nuestra propia terminología, fue la propia necesidad de participar la que se convertía en materia interpretable, pero no focalizada en el receptor, sino más bien como discurso social colectivo.
Muchos de los textos representados gozaban del mismo carácter metafórico, metonímico o alegórico que sostuvimos leyendo El campo de Gambaro. Y sin embargo ni la metáfora, ni la metonimia ni la alegoría fue la gran protagonista. No era entonces un yo sometido a análisis, agredido o provocado en el nivel de la creencia y con fines didácticos, sino que más bien se trató de un yo que se mostró convencido (en la medida de lo posible) de sus propias creencias, necesitadas de ser ratificadas con los otros yo sociales. Esto explica, quizás, que cerca de 300 artistas y alrededor de 25000 espectadores se hayan reunido en un total de 180 funciones: unos ratificaban a otros que la necesidad era compartida.
1) Aclaramos que el texto de Oscar Viale, el número 21 de la lista total, no se pudo representar por problemas técnicos. Volver
2) Si bien Miguel Angel Giella (1991) plantea una duración de tres meses, lo cierto es que fueron tan solo dos. Volver
3) Cedida por su director, Antonio Mónaco. Volver
4) Ofrecida por los empresarios Carlos Rottemberg y Guillermo Bredeston. Volver
5) Este hecho en vez de amedrentar a los artistas y al público, produjo una unión más fuerte entre ellos, multiplicando el éxito que el ciclo venía teniendo en el Picadero, y llenando también ahora una sala notablemente más grande. Volver
6) Este consenso podría ser interpretado, siguiendo a Osvaldo Pellettieri, por el hecho de que "los integrantes de Teatro Abierto –en su absoluta mayoría miembros del sistema teatral que emergiera en los sesenta- por formación pertenecían intelectual y sentimentalmente al Teatro Independiente, movimiento que al promediar la década había comenzado a desintegrarse y que ya en los setenta era sólo un buen recuerdo. Entendían al teatro como compromiso, es decir, cuestionaban la autonomía del arte con relación a la realidad social y política, pensaban el teatro como forma de conocimiento. Para ellos el género era un hecho didáctico, enderezado a promover el progreso del hombre, detestaban la diversión, privilegiaban la comunicación teatral por sobre la expresión" (1990:139). Volver
7) Hubo una reedición del mismo en 1986. Volver
8) Para mayor información sobre autores, directores, espectáculos y ciclos en general que constituyeron las versiones de Teatro Abierto 1982, 83 y 85, remitimos a Pellettieri, Osvaldo, 2001, pp. 112-123 (artículo a cargo de Perla Zayas de Lima). Volver
9) Publicada en Clarín Revista, nº 14387, el 22 de marzo de 1986, y aparecida en Pellettieri, Osvaldo, 1990, p. 140. Volver
10) Recordemos que la noche de su apertura, en el Picadero, Jorge Rivera López leyó públicamente el manifiesto escrito por Carlos somigliana: "Porque queremos demostrar la existencia y vitalidad del teatro argentino tantas veces negada; porque siendo el teatro un fenómeno eminentemente social y comunitario, intentamos mediante la alta calidad de los espectáculos y el bajo precio de las localidades recuperar un público masivo; porque pretendemos ejercitar en forma adulta y responsable nuestro derecho a la libertad de opinión; porque necesitamos encontrar nuevas formas de expresión que nos liberen de esquemas chatamente mercantilistas; porque anhelamos que nuestra fraternal solidaridad sea más importante que nuestras individualidades competitivas; porque amamos dolorosamente a nuestro país y éste es el único homenaje que sabemos hacerle; y porque por encima de todas las razones nos sentimos felices de estar juntos". Volver
11) El acuerdo inicial contó con muy pocas premisas. Entre ellas cabe destacar el hecho de que las funciones comenzarían a las 18 para que pudieran participar del ciclo teatristas que trabajasen por la noche en el teatro comercial u oficial, la escenografía tenía que ser muy básica para disminuir los costos, además nadie cobraría por su trabajo y las entradas tendrían un valor popular consistente en el equivalente a media entrada al cine. Volver
12) La aparición de la Guerra de las Malvinas fue uno de los tantos gestos militares para producir aceptación en el sistema social promoviendo un supuesto patriotismo. Volver
13) No estaba todavía preparada la sociedad para hablar sobre los procedimientos genocidas del régimen, y, creemos, por ello el arte demoró por un par de años más su crítica al sistema social, lo que hoy denominamos "responsabilidad civil". Volver